Una de las preguntas que más me plantean cuando una pareja decide divorciarse es qué ocurrirá con la vivienda familiar. Es una preocupación completamente lógica: además de ser uno de los bienes económicamente más importantes de una familia, es el lugar en el que se ha desarrollado buena parte de la convivencia y, cuando hay hijos, también su hogar habitual.
Como abogada en Girona especializada en derecho de familia, siempre explico que no existe una respuesta única. La atribución del uso de la vivienda dependerá de las circunstancias de cada familia, de la existencia de hijos, del régimen de guarda y de la situación económica de ambos miembros de la pareja, entre otros factores.
Ser propietario y tener derecho de uso no es lo mismo
Este es uno de los primeros conceptos que conviene aclarar.
Después de un divorcio, la propiedad de una vivienda y el derecho a utilizarla pueden corresponder a personas diferentes. Por ejemplo, una vivienda puede pertenecer a uno de los cónyuges y, sin embargo, atribuirse temporalmente su uso al otro.
Por tanto, que una persona sea propietaria de la vivienda no significa necesariamente que vaya a poder continuar viviendo en ella inmediatamente después del divorcio.
En Cataluña, los propios cónyuges pueden llegar a un acuerdo sobre quién utilizará la vivienda familiar e incluso pactar una distribución de su uso durante determinados períodos.
¿Qué ocurre cuando hay hijos?
Cuando existen hijos comunes, su situación adquiere una especial importancia.
Si los progenitores no alcanzan un acuerdo, la normativa catalana establece que el uso de la vivienda familiar debe atribuirse preferentemente al progenitor al que corresponda la guarda de los hijos mientras esta dure.
Sin embargo, esto tampoco debe interpretarse como una regla automática aplicable a cualquier divorcio.
Cuando existe una guarda compartida, por ejemplo, pueden entrar en juego otros factores. En estos casos puede valorarse cuál de los dos cónyuges tiene una mayor necesidad de utilizar la vivienda.
Por eso insisto siempre en analizar cada familia individualmente y evitar trasladar soluciones de un divorcio a otro.
¿Y si no hay hijos menores?
Cuando el matrimonio no tiene hijos o estos ya son mayores de edad, la situación cambia.
En estos supuestos puede atribuirse el uso de la vivienda al cónyuge que tenga una mayor necesidad de protección. Para determinarlo pueden valorarse las circunstancias económicas y personales existentes en el momento de la ruptura.
En determinados casos, esta atribución tiene carácter temporal. Esto significa que recibir el derecho de uso después del divorcio no implica necesariamente poder permanecer indefinidamente en la vivienda.
¿Qué ocurre si la custodia es compartida?
La custodia compartida genera muchas dudas respecto a la vivienda familiar porque los hijos pasan tiempo con ambos progenitores.
En estos casos no existe necesariamente un progenitor que deba quedarse automáticamente con el uso de la vivienda por convivir principalmente con los menores.
La situación económica de cada progenitor, sus posibilidades de disponer de otra vivienda y las necesidades familiares pueden ser relevantes para determinar qué solución resulta más adecuada.
También puede ocurrir que ambos progenitores alcancen un acuerdo que permita organizar el uso de la vivienda de una manera adaptada a sus circunstancias.
¿Quién paga la hipoteca si uno de los dos deja de vivir en la casa?
Otra cuestión diferente es quién debe continuar pagando la hipoteca.
La atribución del uso de la vivienda no modifica por sí sola la propiedad ni las obligaciones que los titulares hayan asumido frente a la entidad bancaria.
Por eso, en un divorcio es importante diferenciar varias cuestiones: quién es propietario del inmueble, quién tiene atribuido su uso y qué obligaciones económicas corresponden a cada persona.
Confundir estos conceptos puede generar problemas posteriormente, especialmente cuando la vivienda pertenece a ambos miembros de la pareja.
Cada divorcio necesita una solución diferente
Decidir qué ocurre con la vivienda familiar puede afectar directamente a otras cuestiones del divorcio, como la guarda de los hijos, la pensión de alimentos, una posible prestación compensatoria o la situación económica futura de cada cónyuge.
Por eso recomiendo estudiar esta cuestión desde el inicio del procedimiento y no tratarla como un aspecto secundario.
En algunos casos será posible alcanzar un acuerdo entre las partes y recogerlo dentro del convenio regulador. En otros, si no existe acuerdo, será necesario que la autoridad judicial determine a quién corresponde el uso de la vivienda teniendo en cuenta las circunstancias concretas de la familia.
Abogada en Girona especializada en derecho de familia
Como abogada en Girona, acompaño a mis clientes durante procedimientos de separación y divorcio, estudiando cada situación de manera personalizada y explicando con claridad las diferentes opciones disponibles.
Mi objetivo es que conozcas las consecuencias de cada decisión antes de tomarla, especialmente cuando existen cuestiones tan importantes como la vivienda familiar, los hijos o las obligaciones económicas de ambos progenitores.
Si estás pensando en iniciar un divorcio o ya te encuentras en un proceso de separación y tienes dudas sobre quién puede quedarse en la vivienda familiar, puedo estudiar tu caso y ayudarte a encontrar la solución jurídica más adecuada a tus circunstancias.

